
Como clientes da gusto tener cualquier servicio gratis.
Los economistas dicen aquello de: «a coste cero, demanda infinita».
En otras palabras, lo que se hace como un favor se convierte, en seguida, en una obligación: un descuento, entrega de muestras, tomar la tensión gratis… es muy difícil retroceder esta situación.
Por otro lado, todo lo que se hace gratis, o casi, pierde cualquier valor para el usuario del mismo. Pregúntele a un abogado como ha cambiado la relación con los clientes desde que han aparecido ciertos bufetes «telefónicos».
Aún es más difícil si uno se dedica a «comerciar» con la salud.
No somos EEUU en que se asume que acceder a ciertos servicios de salud es un lujo. En la mente de la mayoria de la población se ha asentado la idea que el acceso a la salud es un derecho básico que debe ser gratuito a cargo del estado. Casa mal con un establecimiento mixto como la farmacia, fundamentalmente un negocio privado, con vertiente de servicio público.
No gusta que nadie se beneficie de la desgracia propia, aunque sea lícito. Parece que el margen del medicamento lo puede todo… y hace tiempo que ya no es así.
Por lo tanto, es imprescindible pensar con qué servicios podemos prestigiar la profesión. El peso, la tensión, los análisis de colesterol ya no tienen valor para la mayoría de clientes. En el seguro son gratis, aunque lo paguemos entre todos. Tampoco fidelizan a nuevos clientes, a no ser personas muy mayores, que ya suelen ser clientes.
Hay que buscar nichos de mercado para dar esos nuevos servicios. Detección precoz de ciertas dolencias y distintas a la diabetes y colesterol (no campañas oficiales… gratis por supuesto). Ofrecer servicios de SPD para viajes, por ejemplo, no solo para polimedicados mayores. Mascotas, deportistas, colaboraciones con clínicas… Depende del cliente objetivo que tenga cada farmacia.
Y tienen que ser servicios de pago, lo que obliga a que el coste del servicio ofrezca que#margen real a la #farmacia.
Hay que echarle imaginación y potenciar los servicios que encajen mejor con las características del cliente de cada farmacia y con el personal que lo prestará.
No hay que tener miedo a que no funcione. Hay que insistir hasta encontrar la tecla que conecte el negocio con el cliente y luchar por mantenerlo cuando se encuentra.
El prestigio del #farmacéutico como profesional y su negocio va en ello.
Ya existen los medios técnicos para que el paciente se autodispense en una gran máquina de vending farmacéutico. Por lo tanto, si la farmacia no espabila y no deja de ser un mero dispensador de medicamentos, para empezar a tomarse en serio la prestación de servicios profesionales que necesiten y valoren los clientes, pronto dejará de ser como la conocemos hoy.
#BeFarmaPro porque creemos la #farmacia.
info@befarmapro.com

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