
Se empiezan a ver pantallas táctiles en la farmacia.
No es nada nuevo, hace unos años un proveedor de ortopedia ofrecía una tablet con soporte para consultar su catálogo.
¿Llama la atención?
Si. Es innegable.
¿Es útil?
Según para qué.
En un reciente vídeo de Gollmann se ve la instalación de su pantalla y robot dispensador. Impresionante. Pero para eso están los videos, para impresionar.
Se ve una consulta a través de la pantalla. Muy grande. Vistosa. Reproduce las estanterías con productos en color gris hay que leer el pie de cada producto, puedes hacer tantas cosas y tantas consultas que te pasas in buen rato distraído, tal como está el señor de la foto, distraído. Puede estar un buen rato pasando de una pantalla a otra. Es el equivalente a los abuelos de un bar que se pasan la tarde jugando al dominó, consumiendo un único café.
La tecnología aplicada a un negocio es una gran inversión. Debe reducir costes de producción a medio plazo o ingresos a corto. Si no hay retorno es un gasto completamente prescindible.
No hace mucho vi que, en una farmacia del extrarradio de Madrid, habían quitado el robot dispensador para ampliar la exposición de parafarmacia.
Bien. Desconocemos los motivos, pero demuestra criterio y valentía para ir contracorriente, si las circunstancias así lo exigen.
Por otro lado, frente a la farmacia donde se ha instalado la pantalla, en pleno centro de Madrid, hay un gran local de una gran marca de telefonía. Su único habitante suele ser el empleado de seguridad. Casi siempre está vacío.
Tener mucha tecnología no significa nada. Lo importante es saber para qué la necesitan y para qué debe utilizarse.
Inditex los utiliza como publicidad de sus novedades tras los mostradores. Retiene la atención de los que hacen cola para pagar lo que compran.
En farmacias de otros países lo hemos visto como reclamo de concursos infantiles. Retienen la atención de los padres y provocan un posible efecto prescriptor de los niños en función del producto objeto del concurso.
Las hamburgueserías lo utilizan para agilizar tanto las colas de espera en las cajas, así como para activar el proceso de elaboración de la comida.
Entonces, la pregunta es: ¿porqué gastar dinero en esa pantalla en lugar de mejorar la exposición de producto, o de una app que haga lo mismo en la palma de la mano de todos y cada uno de nuestros clientes?
Todos llevamos un smartphone, ¿porque obligar al cliente a entrar en la farmacia para hacer lo mismo que podría hacer en su sofá?
Hay que empezar a olvidar a la farmacia sólo como un espacio físico. Debemos pensar en ella como un servicio multicanal. Los clientes demandan servicio, agilidad y comodidad. Hay que ofrecérselo si los queremos retener.
#BeFarmaPro con el futuro de la farmacia.
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